La Fe, Es Salvacion

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    Juan 7: Jesús en la Fiesta de los Tabernáculos – La Verdad que Divide Corazones y Sacia Nuestra Sed Espiritual

    Juan 7 Jesús en la Fiesta de los Tabernáculos – La Verdad que Divide Corazones y Sacia Nuestra Sed Espiritual 3

    Juan 7: Jesús en la Fiesta de los Tabernáculos

    El capítulo 7 del Evangelio de Juan nos presenta uno de los momentos más significativos del ministerio terrenal de nuestro Señor Jesucristo. En medio de la Fiesta de los Tabernáculos, una de las celebraciones más importantes del pueblo de Israel, Jesús se revela como la respuesta a la necesidad más profunda del ser humano: la sed espiritual.

    Aunque habían pasado varios meses desde los acontecimientos narrados en el capítulo anterior, el propósito de Juan sigue siendo el mismo: mostrar que Jesucristo es el Hijo de Dios y que, al creer en Él, tenemos vida en Su nombre.

    Juan 7 Jesús en la Fiesta de los Tabernáculos – La Verdad que Divide Corazones y Sacia Nuestra Sed Espiritual 4

    La Fiesta de los Tabernáculos: Recordando la Fidelidad de Dios

    La Fiesta de los Tabernáculos era una celebración llena de alegría y gratitud. Durante varios días, las familias israelitas habitaban en cabañas temporales hechas de ramas y hojas para recordar cómo Dios había cuidado de su pueblo durante su peregrinación por el desierto después de salir de Egipto.

    Era una fiesta que hablaba de provisión, protección y dependencia del Señor. También era un tiempo de esperanza y renovación espiritual.

    Precisamente en ese contexto aparece Jesús. Él no llega simplemente para participar de una celebración religiosa; llega para mostrar que todas las promesas de Dios encuentran su cumplimiento en Su persona.

    La Incredulidad de los Hermanos de Jesús

    Juan nos dice algo sorprendente:

    “Porque ni aun sus hermanos creían en él.” (Juan 7:5, RVR1960)

    Los propios hermanos de Jesús no entendían quién era realmente Él. Le sugirieron que fuera públicamente a Jerusalén y mostrara sus obras delante de todos.

    Muchas veces sucede lo mismo en nuestra vida. Las personas más cercanas pueden no comprender el llamado de Dios, la obra que Él está haciendo o el propósito divino para nosotros.

    La incredulidad no siempre viene de personas extrañas; en ocasiones surge en los lugares más cercanos. Sin embargo, Jesús no permitió que la opinión de otros determinara Su misión.

    El Tiempo de Dios Siempre es Perfecto

    Jesús respondió:

    “Mi tiempo aún no ha llegado.” (Juan 7:6, RVR1960)

    Estas palabras revelan una verdad poderosa. Nuestro Señor vivía completamente sometido al calendario del Padre.

    Vivimos en una generación que quiere respuestas inmediatas. Queremos que las puertas se abran ahora, que las promesas se cumplan de inmediato y que las dificultades desaparezcan rápidamente.

    Pero el Reino de Dios funciona según el tiempo perfecto del Señor.

    Jesús sabía que la cruz tenía una hora señalada. Sabía que cada acontecimiento debía ocurrir en el momento establecido por el Padre.

    Esto también nos enseña a esperar con paciencia. Dios nunca llega tarde. Aunque muchas veces no entendamos Sus procesos, Su voluntad siempre es perfecta.

    El Mundo Rechaza la Luz

    Jesús declaró:

    “No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas.” (Juan 7:7, RVR1960)

    Estas palabras continúan siendo una realidad.

    La luz de Cristo confronta el pecado. El mensaje del Evangelio llama al arrepentimiento, a la santidad y a la transformación de vida.

    Por esta razón, muchas personas se sienten incómodas cuando escuchan la verdad de Dios.

    El rechazo hacia Cristo no era simplemente un desacuerdo intelectual. Era el resultado de corazones que no deseaban abandonar las obras de las tinieblas.

    Hoy también sucede igual. La verdad de Jesucristo sigue confrontando al mundo porque expone aquello que necesita ser rendido delante de Dios.

    Jesús Enseña con Autoridad Divina

    Cuando Jesús llegó al templo y comenzó a enseñar, los líderes religiosos quedaron sorprendidos.

    Preguntaban:

    “¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?” (Juan 7:15, RVR1960)

    Ellos medían la autoridad mediante los títulos humanos y las credenciales académicas. Sin embargo, Jesús poseía algo infinitamente superior: Su enseñanza provenía directamente del Padre.

    Él respondió:

    “Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.” (Juan 7:16, RVR1960)

    La verdadera autoridad espiritual no proviene únicamente del conocimiento humano. Proviene de una vida sometida a Dios y fundamentada en Su verdad.

    Esto no significa despreciar la preparación y el estudio bíblico. Significa reconocer que la sabiduría espiritual auténtica nace de una relación viva con el Señor.

    La Obediencia Produce Entendimiento Espiritual

    Jesús dijo:

    “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios.” (Juan 7:17, RVR1960)

    Este principio es extraordinario.

    Muchas personas desean entender primero para luego obedecer. Pero en el Reino de Dios, la obediencia abre la puerta al entendimiento espiritual.

    Cuando una persona decide buscar sinceramente la voluntad del Señor, Dios comienza a revelar Su verdad de una manera más profunda.

    La fe no es únicamente un ejercicio intelectual. Es una respuesta de obediencia al llamado de Dios.

    No Juzguéis Según las Apariencias

    Más adelante, Jesús hizo una exhortación que sigue siendo necesaria en nuestros días:

    “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.” (Juan 7:24, RVR1960)

    La sociedad suele evaluar a las personas por su apariencia externa, su posición social o sus circunstancias visibles.

    Los líderes religiosos habían juzgado erróneamente a Jesús porque lo veían simplemente como un hombre de Galilea.

    No podían comprender que delante de ellos estaba el Mesías prometido.

    Como creyentes, también debemos pedir al Señor discernimiento espiritual para mirar más allá de las apariencias y aprender a ver las situaciones desde la perspectiva de Dios.

    Jesús Siempre Produce una Decisión

    A medida que avanzaba la fiesta, las opiniones acerca de Jesús se multiplicaban.

    Algunos decían:

    “Es bueno.”

    Otros afirmaban:

    “Engaña al pueblo.”

    Más adelante unos declaraban:

    “Este es el profeta.”

    Otros aseguraban:

    “Este es el Cristo.”

    El Evangelio de Juan muestra una verdad innegable: nadie puede permanecer neutral ante Jesús.

    Cada persona debe tomar una decisión respecto a quién es Él.

    Para algunos será simplemente un personaje histórico. Para otros será un maestro moral. Pero para quienes creen en Su nombre, Él es el Salvador, el Hijo de Dios y el único camino hacia la vida eterna.

    La Gran Invitación de Jesús

    El punto culminante de Juan 7 llega cuando Jesús se pone de pie en el último día de la fiesta y proclama:

    “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.” (Juan 7:37, RVR1960)

    Probablemente no existe una invitación más hermosa en todo el capítulo.

    Jesús no habló solamente de una sed física.

    Se refería a la sed del alma.

    • Existe una sed que ninguna riqueza puede satisfacer.
    • Existe una sed que ningún éxito humano puede llenar.
    • Existe una sed que ninguna posesión material puede apagar.

    Es la necesidad más profunda del corazón humano: la necesidad de Dios.

    Por eso Jesús no dijo: “Vengan a una religión”.

    No dijo: “Vengan a un sistema de reglas”.

    Dijo:

    “Venga a mí.”

    La respuesta a la sed espiritual tiene un nombre: Jesucristo.

    Ríos de Agua Viva

    El Señor añadió:

    “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” (Juan 7:38, RVR1960)

    Juan explica que Jesús estaba hablando acerca del Espíritu Santo.

    La vida cristiana nunca fue diseñada para ser una experiencia vacía o seca espiritualmente.

    El Señor desea llenar a Su pueblo con la presencia y el poder del Espíritu Santo.

    La imagen de los ríos de agua viva habla de abundancia, renovación y vida.

    Cuando el Espíritu de Dios obra en nosotros, no solamente somos bendecidos, sino que también nos convertimos en instrumentos de bendición para otros.

    Una vida llena del Espíritu lleva esperanza donde hay desesperación, consuelo donde hay dolor y luz donde existen tinieblas.

    Una Invitación que Sigue Vigente

    Más de dos mil años después, la invitación de Jesús sigue abierta.

    Todavía existen corazones sedientos.

    Todavía hay personas buscando significado, propósito y paz.

    Y todavía resuenan las palabras del Maestro:

    “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.”

    El Evangelio de Juan capítulo 7 nos recuerda que Jesucristo es suficiente para toda necesidad humana.

    • Él es la fuente que nunca se agota.
    • Él es el Salvador que transforma vidas.
    • Él es el Mesías prometido.
    • Él es el Hijo de Dios.

    Y todo aquel que viene a Él con fe encuentra perdón, esperanza y vida eterna.

    Que al estudiar este pasaje podamos responder al llamado de Cristo, acercarnos más a Su presencia y permitir que los ríos de agua viva del Espíritu Santo fluyan abundantemente en nuestras vidas para la gloria de Dios.

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